Folklore Peruano

El Perú posee un rico folklore andino y un gran acervo musical popular en la costa. Cada región se identifica por su música, la cual forma parte de la tradición y el patrimonio artístico y cultural. La música indígena conserva casi todo su primitivo valor, en especial la del Altiplano, esto se debe – en parte – a que las condiciones telúricas han sido poco propicias a la inmigración en los parajes más altos de la serranía.

Veamos entonces algo sobre el Folklore Peruano

Los instrumentos pre-hispánicos que se conocieron en el Perú fueron los de percusión y de viento, los de cuerda eran de procedencia mestiza.

Los de percusión fueron, la sonaja de barro u oro, el cascabel de semillas dentro del cuenco de madera o metal; vejigas de animal conteniendo pequeñas piedras; sonajas enfiladas y sonajas de vaso (muchos huacos eran usados con este fin); polainas con cascabeles cosidos, los palos de percusión, que eran los bastones de ritmo que se usaban en las fiestas y faenas agrícolas para seguir el compás y trabajar sincronizadamente; los címbalos; los tambores grandes o «huancares» y los chicos o «tinyas».

Los modelos de tambores que usaron los Mochicas y Chimúes aparecen a menudo en su cerámica a causa de su popularidad, estaban formados por dos parches, juntándolos con una pequeña calabaza; también en la cultura Ica y Nazca usaron tambores, y algunos de cerámica se conservan aún, lo mismo que las sonajas de vaso hechas por los Mochicas.

En la época Inca las reinas y damas tocaban pequeños tambores. Los de viento, eran las trompetas hechas de tierra cocida o metal, curvas y generalmente decoradas; la quena o flauta de hueso, el «pincullo» o pito, que fue conocido en las culturas Mochica, Nazca y Chimú el silbato que tenía la forma de un animal cualquiera, cuyo grito imitaba; la «antara» o flauta de pan, que en aymará toma el nombre de «Sicu», muy popular en el Alto Perú, en donde había y hay hasta de 25 tubos de barro o caña; y el «Warapucro», hecho con cuernos de toro unidos con cuero. Los de cuerda, son posteriores a la conquista, el arpa y el charango denuncian su procedencia europea, este último remedando la mandolina italiana.

La selección de instrumentos y el tono de la música guarda estrecha relación con el texto político que la acompaña. Se advierte que la música precolombina y aún la post-colombina prefirió la dulce melodía de flautas y pitos antes que el estrépito de tambores y trompetas. Esto resume con claridad las tendencias fundamentales del alma indígena.

Se han dividido las composiciones indígenas en cantos religiosos e himnos al sol, canciones de amor, idílicas, pastorales y danzas cantadas e instrumentales. El «yaravec» quechua, creador y poeta, cantor bohemio, encarnaba el sentir popular, se inspiraba en el amor, en el agudo sentimiento de desamparo y soledad en su condición de pastor o forzoso mitimaes.

Representaba lo vernáculo y esencial del alma incaica. El «haravec» evolucionó luego al «yaraví» serrano – mestizo y de ahí al «triste» criollo, costeño. En cambio las danzas oficiales, inspiradas por los «Quipumayoc» y «Amautas», sometidos a los dictados del poder político religioso, revelan la alegría del fuerte, del vencedor oriundo de la tribu dominante. Iban acompañadas de un texto adecuado.

La música indígena de gama pentafónica es anónima, hay quiénes sostienen que los Incas conocieron la escala heptatónica. Con la conquista los cantares indios se mezclaron con los católicos, adoptando el clero las ceremonias incaicas en lo exterior, pero con inspiración y tendencias cristianas.

En la actualidad en toda música tradicional intervienen instrumentos autóctonos como la antara, la tinya, el pincullo, el warapucro e hispano – mestizos como el charango, la guitarra, el arpa y el violín.

La danza, expresión fundamental de los pueblos andinos, sigue siendo un persistente ritual, constituye un lenguaje alimentado por convicciones mágico – religiosas, existiendo una curiosa mezcla de tradición indígena y cristianismo, habiendo logrado sobrevivir a la presión ejercida durante los siglos de la colonia. Es en Puno donde se encuentra la mayor parte de las danzas folclóricas tradicionales.

Las melodías y danzas más populares que hasta hoy se practican son los yaravíes y los huaynos. Los segundos de origen Pre-hispánicos adoptan diversas modalidades según la región de la sierra. Bailado en pareja su ágil y firme zapateo expresa alegría y plenitud, aunque también los hay cadenciosos y tristes.

Marineras, valses y polkas son expresiones típicas de la música costeña. Felipe Pinglo fue el primer gran compositor de esta música popular. Entre otros autores contemporáneos cabe destacar a Chabuca Granda, Cesar Miró, Augusto Polo Campos y Alicia Maguiña. De influencia africana son los aires populares como el festejo, el alcatraz y la zamacueca.

ALCATRAZ

El alcatraz, es una danza erótico – festiva de la misma familia del «Festejo», la diferencia está en su letra, que alude a la coreografía; y en su coreografía que es de baile abierto para pareja mixta.

El hombre lleva una vela encendida con la que trata de quemar un cucurucho de papel o alcatraz (de allí su nombre), por corruptela de alcatraz que la mujer lleva prendido a la baja espalda.

Ella esquiva la quema con hábiles y rítmicos movimientos de cadera. Ultimamente se ha dado en ponerle al hombre otro cucurucho que la mujer debe quemar, lo que obliga al varón a movimientos poco masculinos.

CARNAVAL

Se práctica en todo el Perú, con variaciones regionales. El más famoso es el de Puno (Fiesta de la Virgen de la Candelaria), por su vistosidad, colorido y variedad de comparsas.

Orígenes, celebración pública traída de Europa durante la Colonia. Hoy no se practica en las grandes ciudades, pero está muy vigente en las zonas rurales, en Cajamarca y la Amazonía. Se celebra en el mes de Febrero.

DANZAS DE LAS TIJERAS

El duelo entre los dos danzantes apoyados por dos músicos ejecutantes del arpa y el violín, se esfuerzan por conservar la supremacía sobre su contrincante, debido a que les parece insólito aceptar la derrota. La competencia a veces 12 horas o más, pero siempre tomando las precauciones contra la hechicera. Esta danza tiene auge en las zonas de la sierra, como Ayacucho, Apurímac, Huancavelica

Los danzak son capaces de traspasarse la nariz, con aguja de arriero, bailar con espuelas colocadas en los talones, levantar una pesada barreta con los dientes, reventar camaretas (dinamita) en las manos, subir y bajar el campanario de una iglesia.

El danzak tienen gran aprecio por las tijeras, que lo acompañarán hasta la muerte, porque las recibió de las manos de los Uquis o espíritus de los cerros, según su creencia. Inclusive la forja de las tijeras es sometida a una serie de ceremonias mágico religiosas, para darle buen sonido.

DIABLADA

También es conocida con el nombre de Sicuris sin que se pueda establecer una clara diferencia entre ambos. Se baila al son de un huayno, ejecutado por zampoñas o sicus acompañado de tambor, bombo, platillo y triángulo. Los personajes son caporales, viejos, chinas diabladas, diablos, esqueletos, murciélagos, etc.

FESTEJO

El festejo es la canción danzarina representativa del mestizaje negro en el Perú. Nace en el Perú en el Siglo XVI, se organizan cofradías en 1650, como culto al Señor de los Milagros – que fue pintado por un esclavo de Angora -. El aporte del negro criollo que radicaba en la Costa es el autor del Festejo.

Como canción, su letrilla es siempre de asunto festivo (quizá de ahí venga el nombre de festejo). Musicalmente su ritmo es alegre, en compás de 6/3, con cierres opcionales, cada cuatro u ocho compases en sus primeras estrofas y una antífona de solista y coro en la parte final o «fuga».

La orquesta del festejo la integran guitarras, cajón, quijada de burro y palmas; que dan marco a solista y coro. La coreografía del festejo es libre, pudiendo ser de grupo o de pareja.

Como baile, la coreografía original del Festejo se perdió y sólo ha llegado hasta nosotros, lo que nos induce a pensar que fue una danza eminentemente masculina cuya explosión de júbilo permitió coreografías bastante libres, con todo tipo de pasos acrobáticos al ritmo de tambores congos.

Así debió haber sido el Festejo cuando cataba entre las cofradías de angolos y mondongos por el bajo callejón de malambo por los Siglos XVII y XIX.

Vestuarios, Los mismos vestidos que utilizaban los esclavos de la época; mujeres, falda amplia de algodón de colores fuertes, blusas escotadas y sueltas que le permitieran hacer los movimientos fuertes del mismo baile, enaguas amplias, pañuelo en la cabeza, aretes grandes y descalzas. Varones, pantalón a media pierna, negro o blanco y a veces de colores fuertes con camisa remangada, pañuelo en la cintura de color y descalzo.

HUAYLASH

Baile popular, muy difundido entre las colectividades del Valle del Mantaro y en particular, Huayucachi y Huanca (Situados al sur de Huancayo) pretenden ser sus creadores o haber decidido su preservación tradicional.

El baile, en su coreografía parece imitar las faenas agrícolas (siembra, abono, riego y cosecha) y, por lo tanto denota su asociación con antiguos ritos agrarios. Todos bailan descalzos, pero sus pasos son muy enérgicos, y se cree que su vivacidad condiciona la fecundidad y la calidad de los frutos.

Las vestimentas; los bailarines suelen lucir vestimentas especiales; las mujeres, falda roja con bordados multicolores y a veces bordadas con hilo de plata, blusa negra u oscura, faja con listas longitudinales de diversos colores, lliclla azul o roja, sombrero con ribete, y en la mano un gran pañuelo blanco. Los varones sombrero de paño negro, camisa blanca y chaleco oscuro, y pantalón abierto en el extremo.

HUAYNO O HUAYNU

Importante género de baile y música, de origen pre-hispánico y actualmente muy difundido entre los pueblos andinos. Adopta diversas modalidades, según las tradiciones locales o regionales; y en cierta forma representa la adhesión popular a la cultura del terruño.

El hombre ofrece el brazo derecho para invitar a bailar, o pone su pañuelo sobre el hombro de la mujer, luego se efectúa el paseo de las parejas por el recinto y finalmente el baile, que consiste en un zapateo ágil y vigoroso, durante el cual asedia el hombre a la mujer, frente a frente tocándola con sus hombros al girar, y sólo ocasionalmente enlaza su brazo derecho al izquierdo de su pareja en tanto que ambos evolucionan al ritmo de la música. Sus movimientos son alegres y picarescos.

INGA

Con este nombre (onomatopeya del llanto de una criatura) se tituló a una danza orgiástica totalmente erótica que se bailaba – y se baila aún – en los callejones de Lima.

Después de varios días de jarana, cuando el pisco ha roto los últimos vestigios de moralidad, hombres y mujeres forman en rueda contorneándose lujuriosamente al ritmo de cajón y palmas, cantando a coro:

«Mi mamá Cuidao con la criatura
mi taita Ingá
cuidao con la criatura Ingá
Mi mamá cuidao con la criatura
mi taita cuidao con la criatura»

Uno de los presentes toma un hato de trapos y los lía hasta darle la forma de un monigote o en su defecto simplemente una almohada. Con ella en brazos ingresa al centro del ruedo que forman las otras personas y arrullando a la «criatura» y pegándosela al cuerpo y meneándose con lascivia, baila hasta demostrar su lujuria a los presentes (y específicamente a la persona que secretamente él sabe).

Luego lanza el monigote a una persona del sexo opuesto invitándola a ocupar el centro del ruedo y mostrar su grado de erotismo. Así alternativamente, van turnándose hasta que todos han danzado con el muñeco.

KCAJELO O CKARA BOTAS

Es una de las más auténticas y representativas manifestaciones del folklore puneño. Es el baile de un bravío jinete que con aire de dominio absoluto sobre su bella pareja hace una serie de requiebros, látigo en mano, al compás de una música alegre.

Visten atuendo cordillerano, sombrero de ala ancha, chullo con orejeras, gruesa bufanda, doble poncho de vicuña o alpaca, altos rozaderos de cuero con puñal en la pantorrilla, espuelas roncadoras, etc.

Se supone que el Ckara Botas – Botas de Cuero – podría haberse originado en los días de la rebelión de Túpac Amaru que por algún tiempo se extendió a las mesetas puneñas. Los comuneros y yanaconas se habrían bautizado Ckara Botas, irónicamente porque imitaban a las botas finas de los españoles.

LANDO

El landó, fue una danza africana de Angola, que llegó al Perú en el siglo XVII y pronto se folklorizó. La danza original era un rito de fecundidad, cuya coreografía era una pantomima del acto copular, culminando con un golpe de pelvis contra pelvis entre el hombre y la mujer.

Con el nombre de lundero se popularizó en Saña, dando más tarde origen al «Tondero». Mientras en Lima, como landó y zamba-landó, dio origen a la «Zamacueca» rebautizada Marinera por don Abelardo Gamarra. Recientemente ha reaparecido como canción popular y muy estilizada, se le ha inventado una coreografía.

LLAMERADA

Danza popular, que suele ejecutarse en Puno durante la procesión de la Virgen de la Candelaria y otras ocasiones festivas. Se las estima como una adaptación mestiza de la danza que antes efectuaban las comparsas de llameros; y sus movimientos imitan los que realizan los pastores de llamas en el curso de sus labores. Los bailarines lucen máscaras, sombreros con flecos y vestimentas multicolores; llevan en la mano una especie de lazo; y sus evoluciones son acompasadas por el ritmo del huayno, corto y vivaz.

MARINERA

Nace a raíz de la «Zamacueca», la misma que se fue convirtiendo en el baile más popular, el cual va refinándose cada vez más. Entre 1895 y 1896, estando en conflictos con Chile y como hemos dicho estaba el nombre de «Chilena» surge el destacado músico costumbrista Manuel Alvarado «Alvaradito» quien compone la letra de una zamacueca «La Concheperla»; Abelardo Gamarra «El Tunante», se levanta y dice que se tenía que cambiar el nombre a la Chilena, y el homenaje a la gloriosa campaña del Almirante Miguel Grau se le debe llamar «Marinera».

La crítica acoge compatriótico entusiasmo la actitud del «Tunante» y acuden a doña Rosa Mercedes Ayarza, que sólo tenía 14 años, para pedirle que llevara al pentagrama la música de «Alvaradito». Esta es desde entonces la Marinera Oficial que nace con pasión «Patriótica», desde entonces, su verdadero nombre.

Es considerado como un baile nacional de pareja suelta, que ha alcanzado difusión en todas las regiones del país y en todos los ámbitos nacionales. Ritmo y melodía son vibrantes y en la coreografía se expresa el enamoramiento entre el hombre y la mujer, mediante saludos, y encuentros dando el remate con un cruce de pañuelos y un final de zapateo; y según la elegancia y la habilidad con que cada uno ejecute sus movimientos, es aplaudir el triunfo de uno sobre el otro.

Según las regiones acusa pequeñas diferencias; y así hay una marinera limeña, una marinera norteña y una marinera serrana. Como es un baile de inspiración, más que sujeto a reglas, las variantes alteran algo de su coreografía, pero no su ritmo.

También difiere por los instrumentos que se emplean en su ejecución: en Lima y en el norte intervienen guitarra y cajón; en la sierra aumenta el número de instrumentos con charangos y violines. Un detalle importante es su interpretación hecha por bandas locales o militares que le dan una importancia muy significativa.

La marinera es mestiza, española y negra; y es reconocida con Decreto Supremo, como nuestro Primer Baile Nacional.

Cualquiera sea su origen, se enraíza tanto desde que era zamacueca, con el alma nacional con el sentimiento público, con el texto literario, la política, el humor, que ella canta y baila, decir o recitar, exposición y postura; es una expresión auténtica de nuestra idiosincrasia. No existe fiesta de postín, ni jarana, sea citadina o chacarera, que no remate en «Marinera».

PREGONES

Lima, «La Ciudad de los Reyes» ha sido y sigue siendo una ciudad pregonera. Hasta hoy, es estas noches humedecidas por la típica gracia limeña; es fácil escuchar el pregón del vendedor de «Revolución Caliente» o el melodioso pregonar de la «tamalera» y durante el día el silbato del «Afilador» antaño español y hoy paisano o el grito destemplado del comprador de “pomos y botellas, periódicos y revistas”, encabalgado en moderno triciclo.

Pero ya no se oirán más aquellos pregones de la Lima antigua: «El Aguador», que sacaba agua de la fuente de la Plaza Mayor y la llevaba en dos barriles que cargaba su burro. El aguador era negro liberto y había también aguadores de a pie. Ambos vendían el «viaje» de agua por un real.

La «Buñuelera», freía sus buñuelos hasta hace muy pocos años. Han aparecido algunas buñueleras entre las vivanderas que se ubican por las Nazarenas (iglesia) cuando sale el Señor de los Milagros, como también se ve algún bizcochero; pregonando su «Pan dulce… » He aquí la relación de los más notorios comerciantes que con su variada mercancía, originalísimos pregones y pintoresco atuendo, dieron a Lima una particularidad más de que ufanarse; el heladero, la tisanera, la fresquera, la buñuelera, la picantera, la chichera, el frutero, la melonera, la granadillera, la champucera, la lechera, el bizcochero, la pescadora, la misturera, el arriero, el mercachifle y el velero.

Desde fines del siglo XVIII, los vendedores ambulantes tuvieron al vecindario de Lima sobre la hora exacta con sus cronométricas apariciones: La lechera, a las seis de la mañana; la tisanera y la chichera, a las siete en punto; el bizcochero, a las ocho; la vendedora de zanguito de ñaja aparecía a las nueve; la tamalera a las diez pregonaba; a las once, la mulata del convento vendiendo ranfoñote, frijoles colados, etc.; el frutero a las doce del día; a la una, el vendedor de ante con ante; a las dos, la picaronera; a las tres, el melcochero y el turronero; a las cuatro, la picantera; a las cinco el jazminero, vendiendo flores de trapo: «Jardín, jardín, Muchacha, ¿no hueles?… «; a las seis el galletero, a las siete la champucera… «.

A partir de las siete de la noche hacía su aparición el sereno, estacionado en las esquinas hacía sonar su pito de barro. Desde las diez de la noche comenzaba a cantar la hora y el estado del tiempo. «Ave María Purísima, las once han dado, Viva el Perú y Sereno…..»

SON DE LOS DIABLOS

A comienzo de siglo, lo único que se sabía del «Son de los diablos» nos lo decía una acuarela alusiva del famoso pintor costumbrista mulato, Pancho Fierro (1803-1879). Se desconocía casi la coreografía de esta danza, hasta que en los años veinte, gracias a los buenos aficionados y al auspicio municipal, se reunió un grupo de auténticos danzarines, herederos de nuestras tradiciones y volvieron a salir por las calles de Lima en las fiestas carnavalescas, pintorescas cuadrillas del «Son de los diablos», con su acompañamiento rítmico al son de quijada de burro, cajita y guitarra; y al estentóreo y acompasado grito de «juuuh… » «Diablo…» «juuuh…».

El mejor bailarín y «Diablo Mayor» en las comparsas de esa época, fue un moreno fornido y mal encarado de oficio cochero y de nombre Francisco Andrade, que, por sus carnosos y colgantes labios fue más conocido por los apelativos de «Churrasco» o «Ño bisté». Nos lo describe un festejo de criollo Fernando Soria:

«Yo soy del Diablo Mayor
y me llaman «Ño Bisté»
por esta bemba tan grande
que tengo, Mírela usté
«Son de los diablos Son
que venimos a bailar,
y el pícaro «Cachafaz»
la quijada va a tocar…»

Los diablos de la comparsa recorrían las calles, se detenían en las esquinas, formaban ruedo y, alternativamente bailaban al centro ejecutando pasadas de «zapateo criollo» y «agua y nieve» «Ño bisté‚», pese a su elevada estatura y corpulencia era agilísimo zapateando. Murió trágicamente. Su mujer conocida como «Ña bisteca» era una mujer escuálida y algo demente. Un día don Francisco Andrade volvió de trabajar muy afiebrado, se recostó en su humilde lecho, pasaron los días y como no se reponía, ahí mismo en pleno lecho le arrojó «Ña bisteca» un balde de agua fría recriminándolo por «flojo y holgazán».

La pulmonía fulminante se llevó a «Ño bisté» para la otra vida. Pasaron los días y aún seguía la trastornada mujer increpando a su marido por «dormilón», hasta que el hedor alarmó a la vecindad de la calle Luna Pizarro (distrito de la Victoria). Llegaron las autoridades y fue necesario sacar un grupo de presos de la cárcel para trasladar los restos en descomposición de quien fuera en vida el último y más grande bailarín del «Son de los Diablos»: Don Francisco Andrade «Ño Bisté».

TONDERO

Por lo mismo que es el más antiguo de nuestros bailes mestizos es una danza ruda y sensual al mismo tiempo que representa a los campesinos de la zona. Es la persecución del hombre a la mujer con miras a algo más…

Como baile, los movimientos se asemejan a las aves de corral (gallina, gallo, pavo), la razón de querer representar a estos animales, era en señal de protesta de los negros esclavos, por el buen trato que les daban sus amos a estas aves mucho mejor que a ellos. Si bien es cierto que nace de negros, ellos no se quedaron en esta zona por lo que se convierte en el baile regional de los campesinos.

Vestuario, el de la mujer, vestido típico de Piura, falda negra amplia, camisón de bichí o bracado blanco, rosado o turquesa. Peinado de trenzas amarradas con algodón pardo, aretes dormilonas de filigrana de plata y oro, hechas por artesanos joyeros de la Provincia de Catacaos. Anacu, típico de Catacaos, es el más antiguo de las vestimentas ya que es muy similar al que usaba la Coya del Inca.

Son dos cortes rectangulares de «bayeta negra» sostenido por dos prendedores en forma de «aromas» en los hombros y una faja en la cintura para dar forma al cuerpo, debajo va un camisón bordado. Lleva también un medallón en forma de corazón con una cruz y la pava, señales de mestizaje, y los aretes son varias aremos prendidas una debajo de la otra, toda la filigrana de oro.

TORO MATA

Antiguo baile de negros, ya desaparecido. Se ejecutaba ordinariamente en las fiestas de carnaval. La coreografía simulaba una corrida de toros, en la que el toro debía matar al torero.

VALS

Adquiere características musicales propias de cada región, pero el estilo costeño (Vals Criollo) es el más difundido. Se origina a fines del siglo XIX, entre sectores populares de grandes centros poblados, cuando el waltz vienés era muy popular entre todas las clases sociales del Perú.

Se baila en parejas, tomándose de las manos y semi abrazadas, con mayor acercamiento y sensualidad que en la versión vienesa, sin sincronismo coreográfico con el resto de parejas.

Instrumentación, tradicionalmente solo se usaba guitarras acústicas de tipo español. Se danza en áreas urbanas en los sectores medios y altos del país.

YARAVI O HARAWI

Es el género más antiguo que sobrevive en Perú. Expresa melancolía, dolor y tristeza. Deriva de un género poético incaico. Versiones mestizas yaraví en el Sur, triste en el norte.

No se baila, sólo se canta. La música es muy lenta y con frecuentes pausas para darle dramatismo y sentimiento. Las mujeres cantan en el registro más agudo posible, característica de la música indígena andina.

Su melodía es triste y melancólica. Sus variedades mestizas se complementan con música más alegre como la marinera o el huayno. La instrumentación es variada según la región y estrato cultural de los cantantes. En el texto siempre se trata de un lamento, generalmente de abandono amoroso, muerte de seres queridos o marginación social (ostracismo, enfermedad o encierro involuntario.

ZAMACUECA

Surge en Lima en el siglo XVIII ya por la República. Es auténticamente nuestra pues aquí nació al impulso danzante de los negros esclavos que tratan en el espíritu y en las piernas, reminiscencias de la danza africana. De Lima se extendió a Chile (Cueca), Bolivia (Cueca), Argentina (Zamba), y regresó a Lima ya con más nombres, Mozamala, Zamba Culeca, Baile del Pañuelo y Chilena…

Como baile, Los danzantes eran en su inicio negros. Se trata de provocaciones de la mujer al hombre con mucha lisura y picardía al estilo del negro criollo y el hombre acercándose y también burlándose para después rendirse al encanto de ella.

Vestuario, es el que usaban los negros esclavos de la época con telas sencillas; la mujer, falda amplia flores de colores, enaguas con tiras bordadas blancas, sombrero chiquito adornado con cintas y flores, usaban dos pañuelos en las manos y de colores fuertes, no usaban zapatos. Los varones, pantalón negro a la rodilla, camisa blanca y chalecos negros o sin ellos, descalzos y también con dos pañuelos de colores.